Los camioneros frenaron en seco sus presupuestos esta semana. Los precios del diésel pegaron un salto de 96 centavos por galón, el mayor semanal desde que empezaron los registros en 1994. ¿Y quién termina pagando? Tú, el remitente, con recargos por combustible que las transportistas usan para su provecho.
Pongamos distancia: no es un bache pasajero. La Administración de Información Energética de EE.UU. fijó el promedio del diésel en carretera en 4,859 dólares para la semana que terminó el 9 de marzo, un 25% más. Paul Berger lo resumió perfecto en el Wall Street Journal:
“Los precios del diésel para camioneros estadounidenses subieron un récord de 96 centavos por galón la semana pasada, una señal ominosa para minoristas y fabricantes que lidian con aranceles y se preparan para mayores costos de envío tras los ataques de EE.UU. e Israel a Irán.”
¿Ominosa? Quedarse corto. Nos enfrentamos a volatilidad por choques en Medio Oriente, y los remitentes van con los ojos vendados.
El botín favorito de las transportistas
Retrocedamos a 2022. El diésel tocó 5,134 dólares por galón. ¿Suena familiar? Cubrí las últimas ondas de choque petrolero; ¿recuerdan el embargo de los 70? Mismo libreto: la geopolítica infla precios, todos entran en pánico, las transportistas se llenan los bolsillos. En ese entonces, encuestamos ejecutivos de cadenas de suministro en nuestra comunidad Indago. La mitad tenía programas estandarizados de recargos por combustible, con índice común, tarifa base y escaladores. ¿Parece ideal? Ni tanto. El 15% confesó variaciones locas por transportista; el 20%? Perdidos o “otros”.
Un ejecutivo soltó la verdad:
“Los recargos por combustible [FSC] son 100% generadores de ganancias para las transportistas. Para las de carga completa, pese a la matriz que les pido, es un precio de fondo que buscan y si no cedemos, no hay equipo… Los FSC debían compensar los costos extras de combustible de las transportistas. Hace años, y hasta hoy, son un centro de utilidades para ellas.”
Exacto. Esa es mi visión única aquí, que nadie grita lo suficiente: los recargos por combustible empezaron como algo justo, pero se convirtieron en fondos discrecionales de las transportistas. Los remitentes los “configuran y olvidan”, mientras los camioneros suman extras que no cuadran con costos reales. ¿Quién audita los escaladores? Silencio total.
Otros se quejaban de herramientas manuales que van con retraso, 3PL que ocultan datos o impulsan combustibles alternos por imagen verde. Noble, pero el diésel manda por ahora: los camiones chupan el 90% del combustible en EE.UU.
Párrafo corto. Verdad cínica: las transportistas ganan.
¿Están listos tus recargos por combustible para un diésel a 5 dólares?
Hace cuatro años, el 45% no planeaba cambios. El 20% pensaba en escaladores más grandes, error garrafal que regala plata a las transportistas. Otros querían índices basados en mercado o más estandarización. ¿Inteligente? Más o menos. Pero la volatilidad regresó, amigo. Aranceles al acecho, Irán agitando sables: los precios podrían besar los 5 dólares para el verano.
Aquí va lo mío, mi predicción audaz que no sale en el WSJ original: este pico fuerza un cambio modal. El ferrocarril anda falto de capacidad, pero el intermodal podría robarle 10-15% del volumen de camiones si el diésel se mantiene sobre 4,50. Las transportistas lo saben; por eso aprietan los FSC ahora. ¿Remitentes dormidos? Prepárense para el apocalipsis de márgenes.
Miren, sigo viendo a Silicon Valley vender camiones autónomos como salvadores desde 2010. (Waymo todavía gatea.) Lo mismo con la electrificación: el Tesla Semi es puro humo. ¿La solución real? Recargos dinámicos atados a índices en tiempo real, monitoreados con IA contra abusos. ¿Pero la mayoría de empresas? Se quejarán, pagarán y repetirán.
Un encuestado capturó la inercia:
“‘Lo configuramos y olvidamos’ — deberíamos ver qué hacen los demás.”
Sí, háganlo. Antes de que sea tard